Más adelante, en la universidad, decide leer uno de sus diarios y de repente e inexplicablemente se encuentra en el pasado. Finalmente se da cuenta de que los diarios que guarda debajo de la cama son un vehículo para regresar al pasado y recuperar sus recuerdos. Sin embargo, estos recuerdos sólo le hacen sentir a Evan responsable de las vidas estropeadas de sus amigos, particularmente la de Kayleigh, la amiga que fue su primer amor y a la que sigue queriendo. Decidido a llevar a cabo lo que no pudo hacer durante su infancia, Evan viaja en el tiempo, con su mente actual en el cuerpo de niño, e intenta reescribir la historia para que sus seres queridos no sufran las experiencias traumáticas que tuvieron. Al modificar el pasado Evan espera transformar el presente. Sin embargo, cada vez que Evan cambia algo en el pasado descubre al regresar al presente que sus acciones han tenido consecuencias inesperadas y desastrosas. Por mucho que lo intenta, no es capaz de crear una realidad que les permita a Kayleigh y a él vivir felizmente.
Una y otra vez intenta volver al pasado para modificar un simple suceso en su vida que, por muy sencillo que sea, tiene consecuencias impredecibles y cada vez más nefastas. Descubre que cualquier mínimo cambio en el pasado altera enormemente su futuro.
La interrelación de causa-efecto se da en todos los eventos de la vida. Un pequeño cambio puede generar grandes resultados o poéticamente: "el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tormenta en Nueva York".
Lorenz realizó distintas aproximaciones hasta que consiguió ajustar el modelo a la influencia de tres variables que expresan como cambian a lo largo del tiempo la velocidad y la temperatura del aire. El modelo se concretó en tres ecuaciones matemáticas, bastante simples, conocidas, hoy en día, como modelo de Lorenz.
Pero Lorenz recibió una gran sorpresa cuando observó que pequeñas diferencias en los datos de partida (algo aparentemente tan simple como utilizar 3 ó 6 decimales) llevaban a grandes diferencias en las predicciones del modelo. De tal forma que cualquier pequeña perturbación, o error, en las condiciones iniciales del sistema puede tener una gran influencia sobre el resultado final. De tal forma que se hacía muy difícil hacer predicciones climatológicas a largo plazo. Los datos empíricos que proporcionan las estaciones meteorológicas tienen errores inevitables, aunque sólo sea porque hay un número limitado de observatorios incapaces de cubrir todos los puntos de nuestro planeta. Esto hace que las predicciones se vayan desviando con respecto al comportamiento real del sistema.
Lorenz intentó explicar esta idea mediante un ejemplo hipotético. Sugirió que imaginásemos a un meteorólogo que hubiera conseguido hacer una predicción muy exacta del comportamiento de la atmósfera, mediante cálculos muy precisos y a partir de datos muy exactos. Podría encontrarse una predicción totalmente errónea por no haber tenido en cuenta el aleteo de una mariposa en el otro lado del planeta. Ese simple aleteo podría introducir perturbaciones en el sistema que llevaran a la predicción de una tormenta. De aquí surgió el nombre de efecto mariposa que, desde entonces, ha dado lugar a muchas variantes y recreaciones.
Lorenz en aquella ocasión quiso volver a echar un vistazo a una simulación que ya había hecho llevándola más lejos en el tiempo. En vez de comenzar desde el principio y esperar a que el ordenador llegara al intervalo que le interesaba, introdujo por el teclado los valores que ya tenía apuntados en el papel. Dejó la máquina trabajando y se fue a tomar un café. Después de una hora, la máquina había simulado dos meses de predicción atmosférica. Y sucedió lo inesperado. Había valores de los días que había simulado anteriormente que no coincidían con los que había calculado esta vez. El clima atmosférico se describe por 3 ecuaciones diferenciales bien definidas. Siendo así, conociendo las condiciones iniciales se podría conocer la predicción del clima en el futuro. Sin embargo, al ser éste un sistema caótico, y no poder conocer nunca con exactitud los parámetros que fijan las condiciones iniciales (en cualquier sistema de medición, por definición, siempre se comete un error, por pequeño que éste sea) hace que aunque se conozca el modelo, éste diverja de la realidad pasado un cierto tiempo.
Se denomina, por tanto, efecto mariposa a la amplificación de errores que pueden aparecer en el comportamiento de un sistema complejo. En definitiva, el efecto mariposa es una de las características del comportamiento de un sistema caótico, en el que las variables cambian de forma compleja y errática, haciendo imposible hacer predicciones más allá de un determinado punto, que recibe el nombre de horizonte de predicciones.
¿Puede la física cuántica explicar las experiencias cercanas a la muerte?
El cardiólogo Pim Vam Lommel analiza y especula sobre este extraño fenómeno en su libro “Conciencia más allá de la vida”
El cardiólogo Pim Van Lommel
Durante muchos siglos se pensó que sólo existían los objetos físicos
que había descrito la mecánica clásica. Ese mundo clásico estaba regido
por la diferenciación de los objetos, su ubicación delimitada en el
espacio-tiempo, y el determinismo.
Con el nacimiento de la
mecánica cuántica se descubrió la existencia de una realidad profunda de
la materia donde regían una serie de incuestionables fenómenos
extraños. El mundo psíquico estaba lleno de fenómenos extraños. La
conciencia animal y humana es sin duda un fenómeno real, pero extraño.
Para los creyentes, la existencia de Dios como conciencia que llena el
fondo del universo es también algo extraño. Existen evidencias de otros
muchos otros fenómenos psíquicos extraños que no pueden negarse como
tales, pero ante los que la ciencia puede callar (anomalías) o puede
intentar emprender una explicación. Pueden aventurarse, como hace
Pim Vam Lommel en su libro “
Conciencia más allá de la vida”
(Atlanta, 2012), explicaciones posibles, aunque arriesgadas, pero que,
en el fondo, nos hacen caer en la cuenta del enorme misterio de la
realidad que todavía está más allá de cuanto la ciencia puede decirnos.
Pim Van Lommel ha estudiado las
Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM)
en la bibliografía actual (75 páginas de notas bibliográficas), en los
estudios retrospectivos y en los estudios prospectivos iniciados a pie
de cama con todo el protocolo científico.
Reconoce que el título
de ECM, que se le ha dado a estas experiencias, no es exacto, porque se
presentan las mismas características en otras situaciones en que no se
corre peligro, como en experiencias religiosas.
Él mismo habla en
algún momento de “experiencias extracorpóreas”, pero prefiere
considerarlas “experiencia de Consciencia no local o infinita”, y las
considera algo “bastante común”. Consciente de la novedad de su
explicación reconoce: “No espero que las nuevas ideas encuentren
aceptación inmediata, pero deben ser cuando menos examinadas más de
cerca”.
Datos experimentales de las ECM
Algunos pacientes que han sido reanimados después de una muerte cerebral
(muerte clínica y legal, encefalograma plano, sin actividad
electromagnética ni riego sanguíneo durante más de diez minutos) han
contado experiencias que responden a un patrón común, y que resultan
inexplicables con el paradigma materialista.
Estas experiencias
narran visiones de cosas acaecidas durante su muerte clínica, incluso
fuera de la habitación o del quirófano, y es imposible que el paciente
pudiera haberlas percibido aun estando consciente.
Un ciego de
nacimiento tuvo una experiencia de visión de luces y de personas a las
que reconoce. Una mujer conoce a su padre biológico del que nunca le
habían hablado y ve allí a otra persona que había muerto mientras que
ella estaba en coma. Otros no sólo tienen una instantánea panorámica de
su vida sino que tienen una prognosis de su futuro, que luego se
confirma.
También se producen experiencias semejantes en estado
normal. Es bastante común ver a personas que están a gran distancia, o
ver a un familiar o amigo poco después de su muerte; sobre estos
fenómenos existen datos estadísticos, denominados “experiencias
perimorten o postmortem”. Una mujer vio con uniforme militar a un
antiguo amigo sacerdote que le comunicó que había muerto. Después supo
que murió como capellán militar. Este tipo de experiencias han sido
recogidas por diversas culturas (capítulo V), aunque han sido
desestimadas porque no pudieron ser registradas con nuestro aparato
científico actual.
Como consecuencia de una ECM, el autor señala
una sensibilidad intuitiva agudizada, mayor capacidad de empatía, visión
remota, genialidad, influjo de la mente sobre la materia (perturbación
no local, psicoquinesia, teleportación), y sueños premonitorios.
Explicación reduccionista del paradigma materialista
La medicina actual mantiene que la Consciencia es una actividad del
cerebro. Van Lommel se plantea cómo puede darse una Consciencia –incluso
más lúcida que la Consciencia habitual- en una situación de total
inactividad cerebral. Considera que las experiencias constatadas son
inexplicables con el paradigma materialista, pero que la medicina actual
lo acepta como un dogma inapelable.
El autor dedica los
capítulos centrales de su estudio a analizar el funcionamiento del
cerebro y los protocolos seguidos en las investigaciones de las ECM.
Rechaza, en base a experiencias comprobadas, la principal objeción que
atribuye estas visiones a la falta de oxígeno en el cerebro.
Tampoco se trata de meras alucinaciones, porque puede comprobarse su
adecuación con la situación real que describen y porque provocan un
cambio permanente en el sujeto en el sentido de empatía, comprensión y
amor incondicional a los demás. Aumentan el sentimiento religioso (la
espiritualidad) pero disminuyen el interés por la religión
institucionalizada. A consecuencia de una ECM, algunos descubren que
tienen poderes curativos.
En el capítulo XI el autor enumera y
expone ampliamente las diversas explicaciones de las ECM según los
modelos materialistas o los modelos inmateriales. Constata que, aunque
expertos en diversas especialidades de medicina o de física superan las
explicaciones materialistas, “en el ambiente académico se considera que
hay una explicación materialista para todo. Algunos científicos no creen
en las preguntas sin respuestas”, y el autor termina definiendo su
posición: “Yo me inclino firmemente por el panprotopsiquismo”.
Lo que nos aporta la física cuántica
La explicación presentada por el autor se basa en los estudios cada vez
más avanzados de la física cuántica. Nos resulta difícil cambiar la
visión del mundo que nos ha inculcado la física clásica, según la cual
la realidad percibida en el mundo físico equivale a la realidad
objetiva, las cosas se mueven de maneras predecibles dentro de un
espacio vacío, y la interacción entre ellas tiene que producirse por un
contacto directo.
Los principios de la física cuántica trastocan esta visión del mundo.
La esencia de la física cuántica es el principio de incertidumbre.
Predice posibilidades, no certezas.
La teoría implica que todos los sistemas materiales (partículas
subatómicas, electrones…) tienen entre sus propiedades dos
características opuestas, pueden manifestarse como ondas o como
partículas. Sucede algo semejante a la información emitida por la radio o
la televisión. Los objetos no están aquí o allí, están como ondas en
todo el espacio (no están en un sitio concreto) y sólo son localizados
en un punto –y su función de onda se ‘colapsa’ en un estado de
partícula– cuando el receptor, un observador (el cerebro), los hace
presentes.
Antes de ser observada, sólo podemos calcular la probabilidad de que la
partícula se encuentre en un punto dado y no podemos saber dónde
terminará en realidad (Principio de incertidumbre y ondas de
probabilidad). La Consciencia determina de qué modo experimentamos la
realidad.
Si tomamos un átomo y lo dividimos en dos, cada parte será homóloga de
la anterior y decimos que están “entrelazadas” porque en algún momento
pasado han estado en contacto. Si separamos estas partes y actuamos
sobre una de ellas, la otra responde instantáneamente de la misma
manera.
Por ejemplo si se cambia el sentido de giro de un electrón en una de
las partes, cambia de la misma manera el sentido de giro del electrón de
la otra parte. Cualquiera que sea la distancia a la que se separen,
unos metros o cientos de kilómetros, se cumple el principio de
no-localidad (no localización) o acción a distancia.
También se han realizado experimentos aislando en jaulas de Faraday a
dos personas, que han estado previamente vinculadas entre sí; al
estimular aleatoriamente a uno de los sujetos aislados, se produjeron
los mismos efectos en el otro.
Se han documentado pruebas de la resistencia a ciertos antibióticos por
parte de variedades de bacterias alojadas en animales que viven en
estado salvaje en áreas extremadamente remotas, lo que descarta
cualquier contacto con el antibiótico en cuestión. Lo único que podemos
suponer es la transmisión de la información a través del espacio no
local.
Tenemos pruebas de comunicación instantánea y no local entre la
conciencia de un sujeto y sus glóbulos blancos aislados en un medio de
cultivo a una distancia considerable en jaula de Faraday (Experiencias
de Backster). En algunos transplantes de corazón se ha comprobado que el
sujeto receptor puede sentir retazos de sentimientos e ideas propias
del donante, porque ese corazón tiene el ADN específico del donante
(“memoria transplantada”).
Más aún, se han realizado experimentos en los que un objeto, o un
insecto vivo, encerrado en un recipiente de vidrio ha desaparecido sin
romper el recipiente y ha sido “teletransportado” a otro lugar; es
decir, su función de onda no se materializó ya (no se “colapsó”) en ese
recipiente sino en otro lugar. Estos fenómenos constan en el informe de
la Fuerza Aérea Norteamericana “Teleportation Physics Study”. Para todo
esto es necesario un potente receptor-transmisor de esas ondas.
Durante la guerra fría, la CIA financió una investigación sobre la
“visión remota” para obtener datos sobre Rusia. Estas experiencias se
han confirmado incluso en sujetos aislados en una jaula de Faraday o en
un submarino a 170 metros de profundidad. El “Instituto para la
Investigación de Anomalías de Ingeniería de Princeton” ha estimado que
la posibilidad de que los resultados de la visión remota fueran mera
coincidencia es de una entre mil millones. Algunas visiones han
anticipado el descubrimiento de un anillo alrededor de Júpiter o han
orientado posteriores descubrimientos arqueológicos. En esta línea
habría que entender también la inspiración genial de los artistas y de
los inventores.
Aplicación de la física cuántica a la ECM. Explicación del autor
¿Cómo se explica la consciencia durante una ECM? Para Vam Lommel la
Consciencia no es producida por el cerebro. “La Consciencia no puede
localizarse en ningún lugar, ni siquiera en el cerebro. Es no local (es
decir, está en todas partes) en forma de ondas de probabilidad. Por esta
razón no puede ser demostrada ni mensurada en el mundo físico”.
El autor sostiene que nuestra Consciencia es una parte de la
Consciencia universal no local; una parte en la que, como sucede en las
holografías, se encuentra el todo. “Nuestro cerebro funciona como
interfaz” entre nuestra Consciencia individual y la Consciencia
universal no local; envía y recibe información.
“La Consciencia en vigilia” funciona como corpúsculo de la Consciencia
no local (que funciona como onda). En las ECM, cuando el cerebro queda
inactivo, se desbloquea el interruptor de entrada y permite el paso de
un estado superior de “Consciencia expandida, que atesora tanto
información personal como universal”. El cerebro se comportaría como un
receptor y como un transmisor de televisión; no produce la imagen sino
que la recibe o la emite.
“Cuando el cuerpo muere, la Consciencia no puede seguir comportándose
como una partícula... por tanto existirá para siempre en forma de
funciones de onda en el espacio no local”.
Profundizando más, el autor se pregunta por el origen de esa
Consciencia no local. “La esencia o fundamento de la Consciencia
(protoConsciencia) probablemente descansa en el vacío o plenitud del
universo, desde donde tiene una conexión no local con la Consciencia en
el espacio no local (panprotopsiquismo)”.
Y reseña tres modelos (complementarios) que se han propuesto para
explicar el interfaz entre la Consciencia no local y el cerebro; él se
decanta por la transferencia de información recíproca mediante la
coherencia cuántica del espín con la posible intervención de los fotones
virtuales.
Avanzando un paso más en su explicación se pregunta: ¿cómo puede darse
la continuidad de la interconexión de la Consciencia no local con un
cuerpo continuamente cambiante? El problema se plantea porque cada dos
semanas todas las moléculas y átomos de las células de nuestro cuerpo
son reemplazadas. ¿Cómo podemos explicar la memoria a largo plazo?
Para Vam Lommel, el ADN es el único elemento permanente de cada célula
del cuerpo y debe desempeñar un rol esencial como interfaz para la
continuidad de todas las funciones del cuerpo, así como para la
interacción entre la Consciencia no local y el cuerpo; especialmente lo
que se ha denominado como el ADN basura. También en la epigenética el
principio básico es que la función del ADN viene determinada por
información externa al propio ADN.
Citando a diversos físicos cuánticos el autor considera que el
desarrollo del ADN en los organismos es un proceso cuántico no local, no
estadístico y, como tal, incognoscible; al contrario que los procesos
mecánicos, estadísticos, predecibles. El ADN funcionaría como una
“antena cuántica” para recibir la información almacenada en forma de
funciones de onda en el espacio no local.
Y pone el ejemplo de los enjambres de abejas, hormigas, termitas, que
funcionan coordinados por la reina, aunque ésta se encuentre aislada de
su colonia; pero si la reina muere lejos de su colonia sobreviene el
caos y todos los trabajos se detienen. La reina coordina a distancia, de
un modo no local, probablemente mediante su ADN. De acuerdo con esta
teoría, el ADN no contiene material hereditario pero es capaz de recibir
información hereditaria desde la Consciencia no local.
Existe una Consciencia humana universal o colectiva que liga a cada ser
humano con cuanto existe, ha existido o existirá y esto se produce por
el ADN universal humano con código de acceso compartido (comparable al
código de acceso internacional) diferente al de los animales o las
plantas. La Consciencia humana compartida es similar al inconsciente
colectivo de Jung.
Resumiendo. La Consciencia individual (el sí-mismo) es parte de la
Consciencia humana colectiva o universal que trasciende lo individual y
conecta a cada individuo, más allá del espacio y del tiempo, con todo
cuanto existe, ha existido y existirá (inconsciente colectivo). Esa
Consciencia universal recibe diversos nombres como Consciencia no local,
Consciencia transpersonal, Consciencia infinita, eterna, unitaria.
“
Este vacío absoluto (pleno cuántico), este espacio no local,
podría constituir la base de la consciencia”. “Este espacio no local es
mucho más que una descripción matemática: es un espacio metafísico en el
que la conciencia puede ejercer su influjo”. “Hay quien no aprueba este
punto de vista, pero sin duda merece la pena explorarlo con más detalle”.
La investigación de la ECM no nos proporciona pruebas científicas de
que, después de la muerte, pasemos a formar parte de la Consciencia
infinita no local, pero sí ha demostrado que se puede experimentar la
Consciencia independientemente del cuerpo, sin función cerebral.
“Tenemos un cuerpo, pero somos Consciencia”.
Reflexión filosófico-teológica
Esta obra de Vam Lommel puede estimular una reflexión filosófica y
teológica ya que, como decía Max Born, “La física teórica es en realidad
filosofía”. La física cuántica tiene un precedente filosófico en el
noumenon de Kant. La Consciencia infinita de Vam Lommel hace pensar en
las ideas platónicas, expresadas en el mito de la caverna.
¿En qué consiste la realidad? Van Lommel nos dice que la realidad está
en la ondas de la Consciencia no local o, quizá, más allá en la
protoConsciencia, el vacío absoluto o plenitud, agujero negro de la
energía, del que proceden las ondas de la Consciencia no local que capta
nuestro cerebro. Esta explicación viene a coincidir con la intuición
que había sido desarrollada de algún modo, desde hace milenios, por la
filosofía oriental, los chamanes y la mística cristiana.
¿En qué consiste nuestra orgullosa individualidad? Si nuestra
Consciencia se basa en la Consciencia no local, sin ella, ¿se perdería
nuestra memoria? ¿Se perdería la coordinación y la directriz en el
desarrollo de nuestras células que se renuevan continuamente? El yo,
¿puede aislarse del nosotros o del universo? ¿Quién soy yo? Ya Angelus
Silesius en el siglo XVII había reconocido que “no sé quién soy. No soy
lo que sé”.
La ciencia, tras largo y laborioso trabajo de análisis, está llegando a
lo que había percibido la intuición filosófica –la intuición artística o
la religiosa- y que había expresado mediante los mitos.
También la teología cristiana quedó encapsulada desde el principio en
la racionalidad griega y se ha replegado después a la defensiva,
temerosa del racionalismo científico de la Ilustración. Ambos nos han
aportado mucho, pero vamos “Hacia un tiempo de síntesis” (Javier
Melloni) de la cultura oriental y occidental. Quizás ahora la teología
encuentre en la física cuántica una comprensión realista de “el cuerpo
místico” y vuelva al mensaje del evangelio que, antes que “logos”, es
“vida”.
Quizás las curaciones que realizaba Jesús fueran el efecto de su
potente interfaz emocional que le conectaba con la Consciencia infinita.
Quizás la fe profunda –así como el “go for it” de la “Programación
Neurolingüística”– pueda mover montañas. Quizás la resurrección de Jesús
–y la nuestra– sea la permanencia en la Consciencia no local. Quizás el
intenso amor de María Magdalena potenció su interfaz para sentir la
presencia del resucitado. Quizás el vacío absoluto –campo unificado,
campo punto cero, éter, Consciencia cósmica– coincida con la plenitud de
la energía, con la matriz divina, con la “dynamis tou Theou” (la
energía de Dios), con el Espíritu Santo, con el inabarcable Dios.
Artículo elaborado por Gonzalo Haya, médico y psiquiatra,
colaborador de Tendencias21, comentando el libro de Pim Vam Lommel
“Consciencia más allá de la vida”.